domingo, 3 de julio de 2011

ceremonias en la tormenta

miércoles, 27 de octubre de 2010

domingo, 22 de agosto de 2010

TODOS FANTASEAMOS CON QUE ALGUNA VEZ FOGWILL NOS DIGA:
"VAYA A CORREGIR ESO"

viernes, 18 de junio de 2010

Estocolmo

Voy a cruzar tu línea de fuego para ser un fugitivo, tu fugitivo, y en la intemperie la resistencia, el aguante, el apriete de dientes al costado de una hoja en blanco. Voy a buscar al olvido, a tomarlo por el cuello y apurarlo en mi próxima mañana de resaca cobarde, después le voy hablar de vos y a reírnos de aquel asteroide fútil incapaz de rozarte, de ese amador furtivo de tu carne hecha verbo. Voy a desatar el nudo marinero de mi garganta y a romper contra un vidrio las estrofas de nuestra canción. Desde otras veredas vamos a probar ligar el azar de las soledades que se abrazan, el de las vanidades que se aceptan resignadas, ávidas de un sudor nocturno que no sabemos regalar, vamos a ser mundo. Lo intentamos, vos como siempre, siempre como vos. A quién podemos culpar si olvidamos el secreto, o el secreto nos olvido a nosotros, ahora no importa, fuimos los hedonistas que amordazaron al placer, todavía nos quedan un puñado de fotos para dos domingos de otoño, mis ansiedades y tu silencio.
De a poco ultimáste a tu rehén, y ahora cuál es tu plan?

u s a

sábado, 12 de junio de 2010

Maradona


Ningún futbolista consagrado había denunciado sin pelos en la lengua a los amos del negocio del fútbol. Fue el deportista más famoso y más popular de todos los tiempos quien rompió lanzas en defensa de los jugadores que no eran famosos ni populares.
Este ídolo generoso y solidario había sido capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles más contradictorios de toda la historia del fútbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no sólo era digno de admiración el gol del artista, bordado por las diabluras de sus piernas, sino también, y quizá más, el gol del ladrón, que su mano robó.
Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable.
Pero los dioses no se jubilan, por humanos que sean.
Él nunca pudo regresar a la anónima multitud de donde venía. La fama, que lo había salvado de la miseria, lo hizo prisionero.
Maradona fue condenado a creerse Maradona y obligado a ser la estrella de cada fiesta, el bebé de cada bautismo, el muerto de cada velorio.
Más devastadora que la cocaína es la exitoína. Los análisis, de orina o de sangre, no delatan esta droga.

En el año de Galeano como dicen los chicos, Galeano

lunes, 7 de junio de 2010

Trabajo Sucio

Los convenció, el trabajo fue impecable. Taparon la bazofia con un felpudo por el que caminó solemne. Agradeció con un banquete, tomó la palabra y la hizo añicos, su mano derecha la estrujó un poco más de lo habitual. Los interrumpieron los mismos bises en un contrapunto que explotó con gran estrépito en aplausos oportunos. Los que integran el saldo de la mesa son un espejo braile de sonrisas, el humo de un cigarro baila en el misma brisa que oculta la inevitable fortuna de ser sus propias trampas, de las mentiras que le enseñaron mientras dormían abrazados a viudas negras que no pueden con su esencia. El trabajo fue impecable, aplausos.

u s a

jueves, 27 de mayo de 2010

El fuego siempre crea metáforas de sombra
Sylvia Iparraguirre

viernes, 30 de abril de 2010

La muerte del deseo

Puede morir el deseo
y aún así un hombre puede ser
lugar de reunión de la lluvia y el sol,
prodigio que desbanca al dolor
como un árbol en invierno

D.H. Lawrence

viernes, 23 de abril de 2010

Más Benedetti y menos Prozac

miércoles, 21 de abril de 2010

Patibularios

Nos bailamos un par de tangos antes de la milonga. Las sombras, el veneno y los cuerpos se atomizan mientras el tiempo se desbarranca y cae libre bajo la lluvia que se desvencija sobre nuestros hombros. Llegar, bailar, salir y no morir. Una queja, dos preguntas, el ensordecedor fuego del metal. Las sirenas recapitulan lo flamante del yerro. No podemos escapar juntos, tampoco eternizarnos en el imaginario de una rendija. No hablamos de revancha, ni justicia por ser la única prueba y ensayo. Ahora es la eternidad mi amor, en veinte años la irredencia y la soledad. En la elección, la muerte.

u s a